viernes, 4 de abril de 2008

el retorno

Días de agitados momentos, días sin respiro, de noches largas y remeras sudadas, días en que el trabajo lo cifra todo y uno está escondido detrás del reloj sin poder pensar en nada más que en el trabajo.
Pasada la tormenta, asomo la cabeza y me disculpo por no contestar los comentarios (que me han alegrado mucho) y les comento que no escribí nada nuevo en estos días. Les dejo mientras tanto, un artículo que escribí hace unos años para una revista que nunca vió la luz (ni el articulo, ni la revista). Sin embargo, el articulo no les había gustado a los editores. Y como me gusta disgustar se los pongo acá, frente a sus narices.
Abrazos


Pequeños Cambios

La cosa es así. Me han pedido que escriba un artículo que hable sobre cambios. La cosa es que no quiero hacer nada rebuscado, ni apocalíptico, ni profético, ni utópico. Si me lo permiten, voy a hablar de cambios, de algunos pequeños cambios.
Hoy prendo la tele. Pongo canal 11, por ejemplo, y veo un programa que trata sobre historias de sexo sobre gente común. Al lado está mi hermana, tiene 14 años y está lo más pancha mirándolo. No tengo ningún pensamiento moralista, ni mucho menos; sólo me acuerdo que cuando yo tenía 14 años, veíamos Grande pa y se prohibía la serie La marca del deseo porque canal 11 mantenía códigos en su programación. Un poco más atrás en el tiempo, Benny Hill era casi pornográfico.
De Grande pa a Resistiré, indudablemente algo cambió en la tele y fuera de ella. Algo cambió en los televidentes, en su manera de mirar y en sus deseos al mirar.
Hoy hablo con un amigo. Es fotógrafo. Es un buen amigo y muy fanático de su trabajo. Me cuenta que las grandes marcas ya no van a producir rollos en celuloide para las cámaras. No me sorprende, no me asusta pero me provoca algo. Es un cambio más, un pequeño cambio más. Puede provocar cierta paranoia. En cierto modo es el inicio de un recuerdo basado en lo etéreo. Pero eso dejémoslo en manos de los futurólogos.
Solamente voy a tomar el álbum viejo de mis padres y voy a ver la foto casi sepia dónde estoy mal centrado. Tengo barro en la boca, estoy descalzo y la foto, el verdadero valor de la foto, está fuera de ella, flota más allá de mis ojos y se pierde en el conjunto de ese álbum dónde mi familia crece como figuritas. Pienso en que yo no tengo un álbum de fotos, a penas un montón de items amontonados en la carpeta que dice: “mis imágenes”. Alguien podría apretar “delete” y ya no existirían más. Es verdad, el recuerdo seguiría estando en mi, pero ya no habría un hijo revisando un álbum y… Pero estoy haciendo lo que no quería. Ni Apocalipsis, ni futuros sin salida. Sólo hablar de pequeños cambios.
La que no cambió mucho fue Virginia. Virginia es la hermana de un conocido, es bastante fea y muy inteligente. Cuando no está con ánimo autodestructivo es muy divertida pero tímida. Siempre es tímida menos cuando te la cruzas por el Messenger. Si te esforzas un poco, hasta podes conseguir que te muestre algo, lo cual no deja de resultarme triste.
Virginia no ha cambiado mucho, sólo juega a través de una falsa identidad. Al fin y al cabo, enfrentar palabras y jugar con fantasmas es muy fácil. Pero la soledad, eso no ha cambiado mucho, en eso no ha habido un gran cambio. Ya lo dije, sólo hablo de pequeños cambios, como este invento nuevo de la computadora que te permite hablar con más gente, ser menos tímido y que hace que cada vez te cueste más abrir la puerta de tu casa. Ya sé, ya sé, me estoy poniendo trágico. Sólo quiero hablar de pequeños cambios, nada más.
Quizás te llames Miguel, quizás no. Si te llamas Miguel puede que hayamos sido vecinos alguna vez y hayamos jugado carreras con un auto de fórmula uno. Era de plástico duro y a veces le pegabas una cuchara con plástilina atrás para que fuera más rápido. Quizás no te llames Miguel pero hayas jugado igual. Puede que hayas fabricado carpas en tu cuarto o hayas jugado con piedras que eran tanques y ramas que eran soldados. No era mucho, porque el juego no estaba en la piedra o en la rama sino en tu cabeza.
Ahora bien, puede que te llames Miguel y seas muy chico. Casi diez años, tal vez, un poco más o un poco menos. Estás en la computadora y eres un dragón, o un soldado, o Zanetti a punto de meter un gol. Es cierto, estás en la computadora y en ella es posible cualquier cosa. Ahora bien, el juego está ahí y no en tu cabeza, a lo máximo que aspiras es a aprender todos los trucos no a inventarlos.
La cosa es así.
Podría seguir contándoles acerca de pequeños cambios durante muchas páginas. Realmente, a lo largo de un día siempre advierto pequeños cambios. No son nada me digo, como ahora, sólo son pequeños cambios.
Pero la verdad, no puedo dejar de sentir que en esos pequeños cambios se va yendo la realidad tal como yo la imaginaba y va viniendo algo que no entiendo bien. Puede que sea algo increíble, algo mágico o que no sea nada, solo la excusa para que dentro de cuarenta años alguien sienta las ganas de escribir un artículo lamentando la perdida de los jueguitos de la computadora y la pena que le causa el fin del mundo digital.
Al fin y al cabo son pequeños cambios. Me dan miedo, lo se, pero avanzan y nos llevan. ¿A dónde? Que se yo. Quizás haya que frenar y preguntárselo. Lo dudo, pero quizás la soledad dependa de pequeños cambios. Al igual que la felicidad. Al igual que ciertas cosas que siguen careciendo. O quizás es tiempo de frenar los pequeños cambios y provocar los grandes. Pero no lo sé. Sólo quiero escribir un artículo sobre cambios, sobre pequeños cambios.
La cosa es así.

3 comentarios:

El Titán dijo...

y sí, cambia, todo cambia.Te acordás de la bolita?qué juego.Ahora tenés el Firewall Hitman Ultra 9008, con elaborados gráficos y una historia interesante, pero tenes un chico bobo que no sale al sol a jugar con otros chicos.Cambia, todo cambia.

Doña Juana dijo...

Pufff!
Qué fuerte!
La soledad son pequeños cambios, la felicidad también!
Antropofágico, pero zen

Doña Juana dijo...

Me faltó decir: Muy bueno!!